Supermadre – La perfeción y maternidad

¿Y si ya hablamos del físico?, apaga y vámonos!, se nos exige recuperarnos lo antes posible después del parto, estar siempre guapas y en forma, con buena cara, pelo perfecto, talla en orden, subidas en buenos tacones y eternamente jóvenes.


Si pensamos por unos momentos en el concepto de madre, y reflexionamos brevemente sobre lo que significa y a lo que lo asociamos. Nos vienen a la cabeza ideas como “amor, aceptación, apego, dedicación, ternura, cobijo, renuncia, satisfacción, plenitud, realización personal, vida, entrega, estar siempre ahí, lealtad, …”. Y un sinfín de palabras relacionadas con darlo todo por alguien.
Ese es el concepto con el que la gran mayoría de las personas que estaréis leyendo esto hemos sido educados. La madre es esa persona incondicional que nunca nos va a fallar. Es esa persona capaz de renunciar a todo para que estemos bien.Desde que somos pequeñas se nos educa desde muchas tradiciones y modelos, pero muy frecuentemente ya desde la infancia se nos inculca el valor de la maternidad.

Hoy en día, además, si algo hemos visto es que las mujeres en rol de madre queremos y tenemos el derecho de seguir trabajando, seguir con nuestra profesión, o tomar un nuevo camino si así lo deseamos. Pero sigue siendo difícil escuchar historias positivas sobre madres que lo consiguieron sin agobios ni culpas, o que tuvieron apoyo en sus empresas sobre las decisiones que tomaron a favor de su profesión, o por su crianza.

Cómo mujer, y además madre, no soy ajena a la presión existente hoy en día, sobre nosotras. Se nos pide que seamos perfectas, cuando perfecto no hay nada perfecto y mucho menos la maternidad. De hecho, sin duda, es el trabajo más difícil del mundo. Hay días que salen las cosas bien, y otros días en los que no sé dónde meterme. Pero la presión la sigo teniendo, quizá por mí misma en parte, pero sobre todo a nivel social, cuando mi hija lo que necesita es una madre feliz y presente, que no es perfecta.

¿Y si ya hablamos del físico?, apaga y vámonos!, se nos exige recuperarnos lo antes posible después del parto, estar siempre guapas y en forma, con buena cara, pelo perfecto, talla en orden, subidas en buenos tacones y eternamente jóvenes.

También tenemos que ser, inteligentes, con una carrera profesional adecuada, un buen puesto de trabajo y disponer de una fuente de ingresos que nos permita vivir holgadamente. Además, no te preocupes, también tendremos que realizar actividades de ocio fuera del trabajo, y esperaran que no estemos cansadas y nos divirtamos como siempre.

Pero aún más, debemos encontrar una pareja estable, formar un hogar y llevar a cabo las tareas del hogar. Uno de los riesgos que tenemos, de esta presión social acerca de ser la madre perfecta, es que nos llegamos a intentar convertir en alguien irreal: somos imperfectos e imperfectas por naturaleza. Hacemos las cosas bien o muy bien, pero también mal y regular, y no pasa nada, porque es eso precisamente lo que nos hace únicas y auténticas. La perfección, al igual que el control, es siempre una expectativa desorbitada, no una realidad.

Sabías que existe el “síndrome de la madre perfecta”?, no?, pues si, si existe, ocurre cuando el querer ser mujer y madre perfecta llega a convertirse en una obsesión y encima nos lo refuerzan.

Y es que es algo que hemos integrado sin más, yo misma me he encontrado mirando de reojillo a otras mamás conocidas, o repasando las stories de Instagram, dándole mil vueltas y pensando en cómo lo hacen. 

Me es inevitable plantearme a diario, si esto es lo que quiero que vea en mí mi hija, el modelo que quiero transmitirla, y si la servirá para algo el día de mañana. Esa si es mi responsabilidad.

Reconocer e interiorizar nuestro derecho a decir “estoy cansada”, a poder equivocarnos, a perder los nervios de vez en cuando, a decir que “no puedo más”, a quedarme en casa, a no maquillarse, o no comer un día saludablemente, es fundamental para poder seguir sobreviviendo y no morir en el intento. 

Poder autocuidarnos, aunque sea mínimamente y no olvidar nuestras propias necesidades, es totalmente necesario, necesito poder mirarme al espejo y reconocer a la persona que me mira. Que mi hija vea que es imprescindible cuidarse y sentirse bien y que además como os digo es que tiene el derecho a ello. Quiero quererme mucho, y además incondicionalmente.

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